Héroes de cuatro patas que no necesitan medallas.

Son muchas las historias que demuestran cómo un perro es capaz de poner en riesgo su vida, o incluso perderla, por salvar otra.

 

Es posible que mucha gente crea que la fidelidad y el cariño que un perro ofrece a quienes le dan un hogar se deba a una simple cuestión de agradecimiento: tú me das cobijo y yo te lo devuelvo con creces. Agradecido es, sin duda, pero detrás de esa supuesta diplomacia perruna hay algo más.

Muchas historias de perros salvadores demuestran que la solidaridad de estos animales supera tanto a la nuestra que no somos capaces de encontrar una explicación racional a este comportamiento. Podríamos decir que al egoísmo humano le cuesta entender la abnegación canina.

Perros que han dado la vida por sus dueños hay muchos y algunos casos parecen sacados de películas increíbles y resultan estremecedores. Nicolás, un joven argentino de 16 años, recogía la ropa de su tendedero metálico porque empezó a llover, con tan mala suerte que un cable clandestino de luz que pasaba por allí contactó con el tendedero y descargó toda su potencia eléctrica sobre el muchacho. Los familiares no consiguieron que se soltara del cable pero sus dos perros, Bianca y Aron, saltaron sobre el chico y sí lo lograron. Nicolás y Aron salieron ilesos pero Bianca, que era mamá de tres cachorros recién nacidos, murió ya que su cuerpo sirvió de descarga para salvar a su amo. Ni siquiera su instinto maternal impidió su heroicidad.

Otras historias acabaron mejor. Iván Saúl, un niño mexicano de cuatro años que dormía profundamente, se salvó de un incendio en su casa gracias a los ladridos de su perro Rosco, que no paró de ladrar hasta que el niño no quedó a salvo. El perro sufrió quemaduras pero sobrevivió. O el increíble caso de Debbie Parkhurst, una señora que al atragantarse con una manzana empezó a golpear su pecho, algo que su perro Toby entendió como una señal. El perro saltó sobre el pecho de la mujer y consiguió liberar su tráquea. Recuperada la respiración, Toby empezó a lamer la cara de su dueña.

No es necesario que exista un lazo emocional con el humano para que un perro se convierta en su salvador. En Brasil y en Kenia, dos perros callejeros salvaron la vida a dos bebés abandonados. En ambos casos, los animales arrastraron con su hocico al bebé hasta colocarlo en un lugar visible para que fuera rescatado. En 1999, un rottweiler llamado Orión rescató a 37 personas de morir ahogadas en una tragedia natural en Vargas, Venezuela. A Orión sí le dieron una medalla al valor aunque sin premio lo hubiera hecho igual.

Algunos pensarán que este comportamiento se debe a algún misterioso vínculo ancestral que obliga al perro, de manera instintiva, a someterse al humano, sin embargo esto deja de tener sentido cuando conocemos historias como la del perro que sobrevivió al tsunami de Japón. Un equipo de rescate buscaba víctimas entre los escombros cuando se encontraron a este perro que se negaba a abandonar la zona. Los hombres que intentaban salvarlo no entendían por qué el animal se resistía a salir de aquel lugar tan peligroso. Y la razón era que estaba cuidando a otro perro herido que no podía caminar y al que por nada del mundo iba a dejar allí solo. Ambos fueron salvados.

Es difícil saber qué es lo que hace que un perro no sólo decida dar su vida por otro ser vivo sino que en situaciones tan peligrosas sean capaces de tomar decisiones acertadas. Lo que sí sabemos es que no es algo aprendido sino instintivo.

Mención aparte merecen los perros rescatadores que sí han sido aleccionados y capacitados para ayudar a equipos humanos de salvación a rescatar personas sepultadas bajo escombros, avalanchas o simplemente perdidas en campo abierto. Estos perros son entrenados para ventear, o lo que es lo mismo: para poder detectar partículas humanas en el aire. Digamos que aquí su instinto salvador es puesto al servicio de un equipo profesional.

Aquel famoso eslogan contra el abandono animal nos recordaba que un perro nunca  nos haría algo así. Todas estas historias, que sólo son una pequeña muestra, nos demuestran que los perros también hacen cosas que un humano nunca haría: dar su vida por cualquiera de nosotros.

 
 

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