El gato en el tejado: una aventura de ida y vuelta

Los gatos aprovechan cualquier oportunidad para darse largos paseos. Y la mayoría de las veces, vuelven por sí solos.

 

Si vuelves un día del trabajo a casa y, para tu sorpresa, no eres recibido como crees que te mereces o como suele ser habitual, esto es, por tu cachorro de gato en la puerta abalanzándose sobre tu pierna-rascador, o por tu gato adulto observándote desde su trono acolchado para demostrarte que estaba deseando verte pero que no necesita hacer una exhibición sentimentaloide de sus emociones, entonces una de dos: o tu gato está haciendo de las suyas escondido en cualquier rincón oscuro de la casa o se ha hecho una escapadita por los tejados o por donde las ventanas de tu casa le permitan.

Cuando adoptas un gato ya sabes que detrás de su halo de animal huraño, capaz de pasar horas y horas dormido y lamiéndose su hermoso pelaje, se esconde un intrépido explorador, curioso y con necesidad de expandir sus dominios territoriales o, al menos, de contactar con otros terratenientes felinos para intercambiar caricias o amenazas. Si tus ventanas o puertas le dan acceso a tejados, patios o ventanas ajenas, da por hecho que llegará un día en el que su espíritu aventurero vencerá al doméstico.

Aunque no hay que descartar que nuestro gato pueda desaparecer durante días y, en ese caso, habrá que mover cielo y tierra para encontrarlo, me centraré en el caso más frecuente: tras horas de preocupación, agobio y desesperación, el minino volverá a casa tras recorrer el barrio como si volviera de su cajón de arena: ancho y desahogado. Y no esperes una disculpa.   

Muchos nos preguntamos cómo consiguen, la mayoría de las veces, volver a casa después de recorrer lugares que no conocían. Aquí es donde sale a relucir siempre que los gatos tienen un sexto sentido, igual que nosotros tenemos un GPS. Pero la realidad es que no tiene un sentido de más sino los cinco sentidos muy bien desarrollados.

Los gatos se orientan sobre todo por olores y sonidos. Se guían por la posición del sol y el campo magnético de la tierra. No hay que olvidar que son cazadores, por tanto existe una sincronía enorme entre su cuerpo, sus sentidos y el medio que los rodea. Además de orientarlos, esta cualidad les permite adelantarse a ciertos acontecimientos: nuestros cambios de humor, un traslado, una visita al veterinario, etc. Se cree que incluso presienten cambios atmosféricos. De todas formas, dada su tendencia a no obedecer órdenes, no le pidas una previsión del tiempo, sigue consultando la tele, internet o, si eres una persona de principios, el teletexto.

Y luego están sus bigotes. Aunque no lo parezcan, son sus principales radares, marcan su relación con el entorno y el espacio y le ayudan a captar cualquier estímulo en el ambiente. Son el principal secreto de la eficacia de sus movimientos y desplazamientos. Un gato sin bigotes es un Sansón sin melena. Sin ellos su capacidad de orientación es como la de cualquier humano: penosa.

Hubiera preferido confirmar lo que siempre sospechabas: que tu gato y tú estáis conectados telepáticamente y por eso cuando se da un garbeo por los tejados vuelve a casa sin problemas. Telepatía no parece que haya pero piensa que si vuelve es porque realmente te quiere. Y no sólo por el pienso, su camita blanda y la calefacción de tu casa. También te quiere por lo que eres: un fiel admirador de su especie.

 

 
 

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