Perros terapéuticos: algo más que compañeros

Muchos perros no sólo son nuestros mejores amigos sino también nuestros mejores terapeutas.

 

Cuando se recurre a un perro para realizar terapia con pacientes con problemas de tipo emocional, psicológico o cualquier tipo de déficit en su relación con el mundo, no se hace para sustituir a un profesional humano capacitado para estas tareas, se hace porque el perro puede aportar a estos pacientes capacidades que sólo un animal como él puede dar.

La explicación es sencilla si estás familiarizado con el comportamiento perruno. Todas las personas que necesitan este tipo de terapias tienen algo en común aunque padezcan diferentes trastornos: por diversos motivos y en mayor o menor grado recelan o desconfían de los demás. Por eso es complicado que otras personas, por muy preparadas que estén, consigan interactuar con ellos con éxito. Tenemos que aceptar con humildad que en este terreno, como en muchos otros, los perros nos ganan la batalla.

¿Qué tienen los perros que nosotros no tenemos para conseguir esto? Más bien habría que preguntarse qué tenemos que ellos no tienen. Por nuestro innato afán competitivo, el humano no puede dejar de observar a los demás con intención evaluadora y comparativa, aprobando o desaprobando el comportamiento ajeno. Los pacientes con este tipo de problemas, llenos de inseguridades, miedos y baja autoestima, son especialmente sensibles al ojo escrutador humano. Los perros entregan toda su amistad a las personas aceptándolas en su totalidad, sin calificarlas ni cuestionándolas. El perro es el mejor amigo del hombre porque es el único que no te juzga.

Normalmente solemos bajar los niveles de agresividad cuando vemos a un perro, por eso a veces nos cuesta menos realizar muestras de cariño con el animal que con otra persona. Esto también le ocurre al convaleciente, a quien la fidelidad sin límites del perro le motiva y le alienta, siendo esto útil incluso para la comunicación entre pacientes y médicos. El perro también ejerce de mediador e intermediario, al aumentar la confianza y reforzar los pensamientos positivos en el enfermo. Por ejemplo, la relación del animal con una persona con baja autoestima o depresión consigue que ésta empiece a hablar más del perro que de sus problemas. Puede ser el primer paso para salir de cualquier proceso de aislamiento.

Las terapias con perros son útiles y necesarias en numerosísimos casos. Personas desmotivadas por situaciones adversas, depresión, falta de interacción con la sociedad por pasar mucho tiempo en un hospital, niños con problemas de atención o aprendizaje, autismo, personas mayores en geriátricos, etcétera.

Los beneficios de la relación con el perro en estos casos no sólo son de tipo emocional o sugestivo sino también fisiológico: la presencia de un perro produce en muchas personas relajación, disminución de la presión sanguínea o incluso fortalecimiento de los músculos.

Y aparte de mejorar la integración del paciente con su entorno y ayudar a superar inseguridades, miedos y desconfianza, el perro es capaz de detectar con sus más de 200 millones de receptores olfatorios cualquier cambio importante en el organismo del enfermo, algo que permite al médico prevenir contratiempos. Sólo un animal puede adelantarse a un médico en detectar las alteraciones iniciales que avisan de un infarto, un ataque epiléptico o un melanoma, por ejemplo.

En algunas terapias, como las que se hacen con niños autistas, perros de mayor tamaño también aportan seguridad haciendo una labor de control y anclaje con su cuerpo: marcando bordillos para que el niño no cruce la calle con riesgo; guiándolo para que camine correctamente dejando que se agarre a él; o ayudándole a dormir ejerciendo presión sobre el cuerpo del niño para que se relaje y se sienta seguro.

Los perros terapéuticos regalan paz interior y no tan interior. Se ha demostrado que la visita de estos perros a las cárceles ha reducido el número de peleas y suicidios entre los presos.

Aunque hay razas que se adaptan mejor que otras a determinadas terapias, cualquiera de ellas podría ser beneficiosa con una educación algo específica. Desde un Labrador o un San Bernardo hasta un Bulldog francés o un Poodle, pasando por un Galgo o un  Beagle, muchos perros pueden ayudar a estos enfermos gracias a su fiel y leal adoración por los seres humanos y su indiscriminada entrega por todo aquel que le trate con cariño.

Se han ganado el título de terapeutas sin pasar por la Universidad, les hemos convalidado sus virtudes naturales simplemente por demostrar que realmente son nuestros mejores amigos porque saben tratar a las personas mejor que nosotros mismos.  

 
 

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