Educar a un gato

Un gato no puede ser educado como un perro pero sí podemos conseguir que deje de hacer ciertas cosas. ¡Si tenemos suerte!

 

Cuando adoptas un gato no puedes evitar visualizar un futuro de opulencia y fama gracias a las habilidades de tu nuevo amigo felino, que hará las delicias de millones de espectadores de Youtube. Es hora de que lo sepas: eso sólo ocurrirá si tu gato quiere. Y lo normal es que pase del tema.

Si crees que podrás educar a tu gato para que siga tus indicaciones delante de una cámara con el fin de que dé lo mejor de sí cuando a ti te convenga, es que no conoces a tu gato. Da igual que seas Scorsese. Los gatos no son elitistas.

Para empezar: un gato jamás aceptará gritos ni castigos ejemplares como modelo de sistema educativo. Sólo conseguirás que haga lo que cualquier estudiante: ponerse en huelga.... pero de cariño.

Para un gato no existen jerarquías. Un perro acepta que seas su amo, pero un gato, como mucho, te aceptará como invitado especial a ese gran reino conquistado por él y que antes era tu casa. A partir de ahí te ofrecerá todo un carrusel de carantoñas, poses y movimientos graciosísimos y toda una colección maravillosa de reacciones sorprendentes.... pero cuando a él le venga bien.

A cambio, un gato viene educado de fábrica. No tienes que enseñarle a hacer sus necesidades en la arena. Lo hacen por instinto. Sus ancestros aprendieron a esconder sus excrementos para no ser detectados por sus enemigos. Discreción es el segundo nombre de tu gato. Por eso pasa tanto tiempo lavándose: no quiere que nadie huela su presencia. 

Y si tu gato tiene una fea costumbre, como morder las manos a todas tus visitas, ¿qué podemos hacer? Lo primero, no desesperarse. No podemos adiestrarlo pero sí reconducir un mal hábito. Tranquilo, no hay que llevarlo a un internado en Suiza.

Ahi va un pequeño truco que me enseñaron algunos veterinarios: ten a mano una pistolita de agua. Cuando el gato haga eso que no debe, échale un chorrito pero sin que vea de dónde viene. Digamos que el agua no le gusta. Lo importante es que no vea que el castigo viene de ti, mejor que piense que es un castigo, no sé, ¿divino?

Los gatos tienen un lema: déjalos tranquilos y te querrán más.

 

 
 

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