La inutilidad de castigar a un gato

Si castigas a un gato para que aprenda, serás tú quien acabe aprendiendo que esto es inútil.

 

Otra razón más para admirar a nuestros queridos gatos es su indiferencia ante cualquier forma de castigo. No es rebeldía, ni chulería, ni orgullo desmedido, es simplemente que ellos son así de peculiares, y de vacilones.

Si quieres que tu gato no haga algo que hace con frecuencia, no lo castigues, lo único que conseguirás es que él te castigue a ti con su ausencia durante horas. Un gato no entiende de jerarquías, por tanto no siente la necesidad de obedecer. Es su instinto, no es por fastidiar.

Muchos creen que esto se debe a su falta de memoria asociativa o a su poca memoria a corto plazo. Creen que el felino no retiene la razón de su castigo, que lo vive como un suceso aislado sin relación con nada.

En realidad, el gato tiene mayor memoria a corto plazo que los perros, y tiene capacidad para asociar estímulos desagradables con comportamientos que su dueño no consiente. En una clínica veterinaria me aconsejaron, para quitar la costumbre a mi gata de morderme los dedos, que cuando hiciera algo que no debía, le lanzara agua pulverizada (o que oiga un sonido muy estridente) pero intentando que el animal no viera de dónde procedía. La idea es que piense que se trata de un castigo divino. El único al que puede ser sensible.

Entonces, ¿por qué un castigo mundano no sirve de nada? La explicación es tan sencilla como reveladora, una vez más, de la fascinante personalidad gatuna.

El gato tiene capacidad para recordar hechos pasados. Por ejemplo, difícilmente olvida un maltrato. Lo que diferencia al minino del resto de los mortales es que no tiene reparo alguno en almacenar especialmente la información que le es útil. Vamos, que recuerda lo que le da la gana y le viene bien.

Si intentas que recuerde unas normas de comportamiento (que no afile las uñas en el sofá o que sonría justo en el momento de la foto) él las desechará con su encantador desdén. Pero sí que tiene muy buena memoria para las cosas que le son más importantes en su vida: su comida favorita, dónde está el arenero o cuál es el mejor rincón de la casa para echarse una siestecita. También retiene caras de personas y distingue quién le ha tratado bien y quién no. Si los gatos hablaran...

Puede recordar incluso tu rutina diaria para adelantarse. Cada verano, mi gata se vuelve loca al oír (u oler, no sé muy bien) que estoy cortando una rodaja de sandía, su fruta favorita (y la única que come).

En definitiva, los gatos no responden a los castigos básicamente porque no les interesa y porque aunque tienen memoria, es una memoria selectiva. Debes tener claro que castigar a tu gato es una pérdida de tiempo y que en su selectiva memoria tú ocupas el lugar número uno

 
 

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