La ciudad de los gatos en Roma

En pleno centro de Roma, en medio de ruinas históricas, viven casi 300 gatos callejeros en una auténtica ciudad felina.

 

Los amantes de los gatos no necesitan ser religiosos para realizar alguna vez en su vida una peregrinación a un lugar que, además de ser considerado lugar sagrado por razones históricas, alberga un pequeño milagro más real que divino: el santuario de los gatos en Largo di Torre Argentina, Roma.
 
Hablando en plata, más que un santuario se trata de un refugio que alberga casi 300 gatos en pleno centro de Roma. Lo de santuario viene por su entorno, ya que está ubicado en el Area Sacra di Largo Argentina, concretamente en una plaza donde reposan las ruinas de cuatro templos romanos republicanos y el Teatro Pompeyo. Y lo milagroso de su existencia está, sobre todo, en la espontaneidad de su creación, lejos de la sesuda planificación que requiere constituir cualquier refugio o protectora de animales.
 
Cuentan que en esta plaza fue donde Bruto mató a Julio César, hace más de dos mil años. No hay grabaciones en vídeo ni testimonios de la época que lo confirmen pero partamos de que es verdad. Lo cierto es que tal vez gracias, entre otras cosas, a que en esta zona ocurrió algo tan histórico, se decidió realizar excavaciones en 1929. Fue entonces cuando algunos gatos callejeros empezaron a refugiarse en esta zona  llena de escondrijos milenarios; y ya sabemos el apego que un gato coge por el lugar que ha conquistado. Entre su afán territorial y que durante sesenta años unas señoras estupendas se dedicaron a alimentarlos con tal dedicación altruista que incluso a su labor se le ha puesto nombre de profesión: gattare (señoras del gato), allá por la década de los 90 este refugio natural y espontáneo empezó a tomar forma de institución animalista.
 
Poco a poco, gracias a las donaciones, a la aportación de la enorme cantidad de turistas que visitan la zona, al trabajo voluntario de personas de todo el mundo y a una gestión que tomaba como modelo a las colonias controladas de gatos que existían en Inglaterra, este entorno histórico se convirtió en un auténtico refugio que acoge a cualquier gato víctima del maltrato y el abandono.

El santuario se rige por tres puntos básicos: todo gato acogido tiene derecho a vivir, no se sacrifica ninguno salvo que su situación sea insoportable para él; esterilización obligatoria para evitar la sobrepoblación; y todos los gatos se pueden adoptar, incluidos los discapacitados o enfermos crónicos.
 
Desde 2012 se desconoce la situación gestora del refugio pero aún hoy cualquier turista puede visitar la plaza Largo di Torre Argentina, muy cerca del barrio judío, y encontrarse en pocos segundos con los pequeños y encantadores habitantes de esta increíble ciudad felina dentro de la ciudad más felliniana.

 
 

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