La grandeza del Bullmastiff

El Bullmastiff es una raza que destaca por su gran tamaño y por su capacidad para entender a las personas.

 

Troylo, Nano, Doris Day y Boogie no son los componentes de un grupo de rap. Los cuatro son perros Bullmastiff y no sólo les une su raza sino su capacidad para ayudar a personas enfermas.

El Bullmastiff es un perro cariñoso, sensible y...¡enorme! 50 kilos de bondad que acatan sin problemas órdenes de diferentes personas, no sólo de su dueño. Por todo esto y por su carácter equilibrado, tranquilo y pacífico, el Bullmastiff se ha convertido en un auténtico terapeuta.

Troylo y su hermano Nano han tratado durante años a niños autistas, ayudándoles a trabajar su autoestima, a sociabilizar y a desarrollar habilidades del lenguaje. Estos perros impiden que el niño se autolesione e incluso que se fugue, anclándose delante de él para impedir su avance y ayudándolo a regresar con sus padres.

El Bullmastiff levanta al niño a lametones si se tira al suelo, le ayuda a dormir calmándole con su imponente presencia acostada al lado, y aunque el pequeño se ponga algo brusco, es un perro tan corpulento que no sufrirá daño alguno.

El más famoso es Troylo por su participación en la película Truman, de Cesc Gay. Como muchos grandes, se fue sin saber de su éxito. Murió poco después del rodaje por una infección. Nano tiene 9 años y continua con su trabajo.

Siguiendo con la cinefilia, la perra Doris Day cuidaba de Rosemary en una residencia de ancianos. Rosemary, cruelmente abandonada por sus familiares que falsificaron sus datos al ingresarla, decidió dejar de hablar, de moverse y hasta de comer. Y así estuvo hasta que llegó Doris Day. Con la Bullmastiff recuperó la vitalidad hasta el día de su muerte. La perra permaneció con su cabeza apoyada en la anciana hasta que ésta exhaló su último suspiro, dedicándole la última sonrisa de su vida. La perra, como despedida, se incorporó sobre la cama y le dio un lametazo en los ojos.

Boogie también ayudó a muchos enfermos. Visitó durante once años un hospital especializado en tratamientos de cáncer. Al cabo de poco tiempo, aprendió a recorrer él solo los pasillos. Se conocía el itinerario y abría las puertas sin ayuda. Reconocía cuándo un enfermo había tenido una dura sesión de quimioterapia o cuándo estaba deprimido o asustado. Sabía perfectamente cuándo podía entrar y acercarse a un paciente y cuándo no era apropiado. ¡Cuántas personas carecen de esa discreción!

Estos son sólo cuatro nombres que muestran que la grandeza del Bullmastiff no sólo se debe a su tamaño.

 

 
 

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