Señales que nos avisan de la muerte del perro

La muerte es parte de la vida. Cuando nuestro perro se hace mayor y ese momento se aproxima, reconocer las señales que alertan de su inminente pérdida reduce el trastorno emocional que produce su marcha.

 

La sociedad estaría coja sin los abuelos, sin su sabiduría. Son el pilar en la vida de muchas familias españolas. Algo parecido pasa con los perros mayores.

Ver que tu perro envejece y reconocer las señales que alertan que su fallecimiento se acerca, reduce el trastorno emocional que produce su pérdida.

Se hacen mayores antes que los humanos, y siempre demasiado pronto para los propietarios que respetamos y queremos sin condiciones a los peludos compañeros que nos hacen el día a día más llevadero y feliz.

La equivalencia entre la edad humana y perruna suele calcularse estableciendo siete a uno. Esta regla varía en función de la raza del perro, y no se cumple el primer año de vida, periodo en el que el peludo amigo pasa de bebé a casi adulto. Se calcula que los 12 primeros meses equivalen a 15 o 16 años humanos.

Las canas que salen alrededor de los pelos y el hocico nos indican que está envejeciendo, y el deterioro del funcionamiento de articulaciones, oído y vista también son otras pistas. Estamos listos para que se hagan mayores y pasen a ser los seres más entrañables, sabios y divertidos de la casa, pero rara vez nos preparamos para su fallecimiento y aceptamos las señales que su cuerpo y comportamiento transmiten.  

El dolor es más llevadero si detectamos esos avisos y vamos haciéndonos a la idea de su futura marcha, y de cómo queremos que sus últimos meses los pase bien atendido y feliz, rodeado de su familia humana. Su cuerpo, cambio de rutinas y comportamiento predicen su marcha, que debemos aceptar como una parte más de la vida.

 

Avisos en la alimentación

Como ser vivo que es, continúa teniendo la función vital de alimentarse pero sus hábitos cambian. Pierde apetito, abandona el interés por la comida, desaparecen las ganas de beber y tiene más dificultades para tragar el alimento.

Este escenario antesala de un próximo fallecimiento debe enfrentarse haciéndole la vida lo más fácil posible al perro, optando por la dieta blanda y el tipo de alimentación apta para edades avanzadas.

 

Cambio de rutinas

La actividad frenética que, dependiendo de la raza, tuvo de cachorro y que se moderó en la edad adulta es ahora, previa a su muerte, un simple recuerdo que nada tiene que ver con la tranquilidad y serenidad que muestra.

Movimientos lentos, complicaciones al andar, cojera, dificultades para subir la escalera, jadeos, cristalino nublado, dificultades para ver y oír… sus rutinas cambian y los largos paseos que de joven y adulto dábamos a él, pasan a ser ahora breves caminatas expuestas a su mermada capacidad y constante cansancio.

 

Señales “bocales”

El estado de su boca predice también su futuro. Las encías rosadas revelan el buen estado de salud del perro y su juventud. Cuando envejece, se oscurecen y reflejan su vejez y próximo fallecimiento.

La muerte de nuestro perro nos apena, y produce un dolor intenso y duradero. Pero es la ocasión también de rememorar los buenos momentos. Debemos llorar su muerte y, pasado el duelo, recordar solo las grandes experiencias vividas junto a él.

 
 

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