La oruga procesionaria: ¡un peligro real para nuestros perros!

Pese a que, ni de largo, suponen una de mayores “causas toxicológicas” de visita al veterinario (muy por detrás, por ejemplo, de intoxicaciones medicamentosas por ibuprofeno o paracetamol) hay que ser bastante precavidos ante un cuadro de intoxicación por la toxina de la procesionaria, ya que puede poner en serio peligro la vida o la integridad de nuestro perro. El gato raramente se ve afectado, ya que no tiene el carácter curioso y juguetón del canino, que tiende a husmear, morder y a juguetear con las orugas (sin saber, realmente, lo que eso supone…)

 
 
 
 

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