Las siete vidas de un gato

Los dichos populares suelen esconder grandes mentiras. Los gatos no tienen siete vidas, tienen una y hay que cuidar de ella.

 

Hacer caso a los refranes es el primer paso hacia la falta de entendimiento. Los amantes de los dichos populares deberían sospechar de estos en cuanto comprueban que existen refranes que hablan sobre los refranes y, qué casualidad, todos vienen a decir cuánta verdad hay en los refranes. Sin duda es un lenguaje de forofos.

Sobre los gatos hay mucha leyenda y mucha frase hecha. La más popular es la que dice que tienen siete vidas. Si te parecen muchas, en los países anglosajones lo superan llegando a creer que los gatos tienen nueve.

Nuestra querencia a que todo tenga un sentido nos hace pensar que lo de las siete vidas de un gato se refiere a la increíble capacidad que tienen para salir vivos de caídas desde grandes alturas y para salir pitando de cualquier catástrofe cercana. Que los gatos tengan esa enorme habilidad les permite alargar su vida, no tener más de una. Según esto, los gatos no deberían tener siete vidas sino una muy larga.

Indagando un poco, resulta que ese dicho popular proviene del Antiguo Egipto, donde creían firmemente que los gatos se reencarnaban en otros gatos cuando morían, pero tras la séptima muerte resucitaban convertidos en humanos. Una idea mucho más disparatada pero que daba una explicación más lógica al dichoso refrán.

De esta creencia mística podríamos sacar conclusiones más certeras que un refrán pillado por los pelos. Viene a decirnos que ya desde hace muchos siglos los gatos eran animales muy especiales, fascinantes y misteriosos. No han dejado indiferente a ninguna civilización por avanzada en su época que fuera.

Creer que los gatos se reencarnan en humanos es una idea simpática y que tiene su gracia. No conocí nunca a una persona con el carisma y el encanto de un gato, lo cual quita credibilidad a esa leyenda.

Si una creencia religiosa puede llevarnos al fanatismo, una interpretación libre y sesgada de la misma y adaptada a nuestros tiempos, puede también arrastrarnos por el mal camino, pues pensar que los gatos son casi indestructibles nos hace descuidados y confiados. Al final nos dejamos llevar por los malditos refranes y nos parece poco necesaria una malla para proteger los barrotes de un balcón, o no cerrar ventanas peligrosas para nuestros felinos. Y ya sabéis que hombre previsor vale por dos. Vaya, perdón, me dejé llevar.

 
 

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