Las uñas del gato

Los gatos necesitan sus uñas más que tus muebles permanecer intactos.

 

Cuando adoptas un gato por primera vez fantaseas con tener una nueva vida que consiste en vivir como vivías antes pero con un espectador de excepción que te observará con tanto interés como distancia, y al que tú admirarás por cada gesto, carantoña o pirueta graciosa que te ofrezca no cuando tú se lo pidas sino cuando él lo estime oportuno. Sólo el día a día y la cotidianidad te descubrirán nuevos detalles con los que no contabas.

Por ejemplo: que para él tus muebles y tú también servís como rascador. Empezarás a andar por casa en vaqueros de tela gruesa y verás cómo seguirá trepando por tus piernas y se rascará con todo aquello que se lo permita.

Ante esto, mi postura es: ¿qué son unos inofensivos arañazos en tu piel o en tu sofá comparados con la impagable presencia diaria de tu hermoso gato? Sin mi gato y las huellas que deja en mi piel no podría alardear ante mis amigos. Si un día uno intenta apabullarme enseñándome su cicatriz diciendo: "La Pedriza, practicando skateboard"  (nunca dirá monopatín); levanto la pernera del pantalón y enseño mis arañazos: "Salón de mi casa, jugando con Bigotitos".   

A pesar de las indiscutibles ventajas de las juguetonas uñas de los gatos, hay quien lo considera un problema. Como suele ocurrir en muchos casos cuando el inconveniente viene de un indefenso animal, una solución recurrente es eliminar de raíz dicho problema (sin atender a las consecuencias), en lugar de adaptar el entorno y las circunstancias para reducir al mínimo, en la medida de lo posible, los efectos de ese problema.

En este caso muchos optan por la desungulación, que es el eufemismo para referirse de manera inocente al acto de arrancarle las uñas de cuajo. Antes de hablar de las nefastas consecuencias que supone esto para el gato, apuntaré que la desungulación está prohibida en muchos países y en algunas comunidades de España. 

Se trata de una cirugía que consiste en amputar la última falange del dedo del gato, donde nace la uña y está la base de su tendón retráctil. Digamos que es su principal arma y herramienta porque con sus uñas estimula y tonifica la parte superior de su cuerpo sólo con el acto de rascar; atrapa, trepa, se sujeta y se agarra para tener estabilidad; araña una superficie como forma de relajarse, dejando aparcado su estrés; hace marcas visuales, para reconocer las zonas de su territorio; con sus uñas puede defenderse de un ataque e incluso ayudarse en su limpieza diaria, además de servirse de ellas como elementos para expresarse.

Prescindir de todo esto le puede provocar malformaciones e incluso una cojera y dolor crónico, ya que sin uñas perdería parte de su actividad.

Todo esto lo podría sufrir tu gato por mantener intacto tu sofá y no tener atractivas marcas en tus piernas y brazos. Un sólo cigarro, una salsa derramada o un tropezón tonto en la calle podrían provocarte los mismos inconvenientes. ¿Realmente merece la pena convertir tu gato en un lisiado?

Maneras de reducir los efectos de sus arañazos hay muchas: rascadores, cortarle las uñas con frecuencia desde que es pequeño, evitar el escay o el cuero en los sofás, repelentes que no sean nocivos, incluso existen uñas postizas de plástico; y para tus piernas y brazos: agua oxigenada, antiséptico y manga corta para lucir con orgullo sus inofensivas marcas.

Quitarle las uñas a un gato es como amputarle una pata. Si para ti es más importante un sofá que tu felino, piénsatelo antes de decidir darle sentido a tu vida adoptando uno, porque lo primero que hará el minino será hacer suyo tu sofá. Eso sí, deseará por encima de todo que te sientes con él para permitirte, dada su ilimitada generosidad, que disfrutes haciéndole cosquillas en el cogote.

 
 

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