Todos los gatos pueden ser gordos

Si no vigilamos su peso, los gatos domésticos esterilizados pueden convertirse en gatos gordos, aunque nos cueste reconocerlo.

 

Si atendemos a la opinión y a la visión idealizada y parcial de sus dueños, la mayoría de los gatos domésticos son apolíneos y casi ninguno tiene motivos para sentirse identificado con la obesidad de su más famoso representante, Garfield, aunque le imiten comiendo lasaña.

Éste es el principal problema de los gatos con sobrepeso: que sus dueños suelen negarse a reconocer que sus mininos tienen lorzas. Tal vez se deba al misterioso encanto felino, que consigue seducir a su dueño hasta la hipnosis, logrando hacerle creer que su gatito nunca perderá su figura aunque esté arrastrando su panza por el suelo a la vista del resto de humanos ajenos al encantamiento. Es un hecho: sólo vemos gordos a los gatos de los amigos.

La cruda realidad es que dos millones de gatos superan su peso ideal en España, algo que no supone un problema estético (el gato gordo también nos enamora y él lo sabe) sino un aumento del riesgo de sufrir diabetes o problemas de corazón.

Seis de cada diez gatos tienen sobrepeso y la mitad de los propietarios de estas mascotas no son capaces de admitirlo. Así que el primer paso para solucionarlo es evidente: reconocerlo.

Un gato esterilizado (y todo gato doméstico convendría que tarde o temprano lo fuera) engorda fácilmente porque deja de producir hormonas sexuales, frena su actividad de apareamiento y quema menos grasas. "Mi gato no está gordo, está esterilizado" es el nuevo "no está gordo, tiene caderas anchas".

Cualquier felino que viva en una casa es, por tanto, potencialmente gordo. Si de noche todos son pardos, dentro de un piso todos los gatos pueden ser gordos. Esto significa que todos los que tenemos gato deberíamos intentar prevenir su futura obesidad.

Como es complicado organizar la vida a un gato y gestionar su agenda, su actividad física sólo podemos fomentarla si le dejamos espacio y juguetes para que corra cuando él lo decida y le damos la oportunidad de demostrar su habilidad con el salto colocando módulos o muebles con diferentes alturas.

Por lo demás, toda solución pasa por controlar su alimentación. Los alimentos denominados light no siempre son suficientes porque sólo consiguen que no engorden más. Para perder peso y recuperar la línea convienen más las dietas bajas en grasa y ricas en fibra, que consiguen que nuestro glotón bigotudo reduzca su sensación de hambre. Siempre se recomienda pedir consejo al veterinario, pero normalmente dos meses con este tipo de dieta suele ayudar a rebajar el bote acumulado.

Uno de los innumerables encantos de los gatos es su capacidad para administrarse la comida que le dejamos para todo un día. Esto facilita que elijamos la cantidad diaria de comida con una sola medida. Hay que ser justos y no restringirle más de la cuenta pues eso les provoca ansiedad y finalmente acabaremos dándole más comida para calmarle.

Los gatos no necesitan excesiva atención pero no deberíamos ignorar la evolución de su peso. Con disimulo, sin demasiada vigilancia, sin que note demasiado que nos desvivimos por él (su orgullo gatuno no lo permitiría), basta con controlar la cantidad y la calidad de su pienso. No dejemos que sus siete vidas se conviertan en siete gatos en uno.

 
 

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